Con una intención determinada dirigimos nuestra atención a cierta parte de nuestro cuerpo, lo cual acaba por hacernos sensibles a la misma. Gracias a esta sensibilidad seremos capaces de relajarla (con lo que de nuevo aumentamos nuestra sensibilidad en dicha zona). Por último, cuando conseguimos unir nuestra intención con esa atención y sensibilidad relajada (o relajación sensible y atenta) somos conscientes de nuestro interior; por decirlo de algún modo: adquirimos consciencia interna.
Esta nueva consciencia de nuestro cuerpo (o mente, energía, espíritu… lo que sea que cada cual tenga por dentro en cada momento) nos abre nuevas puertas a siguientes niveles de práctica, con distintas intenciones y la atención sobre otros factores cada vez más sutiles gracias a la sensibilidad que se va desarrollando y a una capacidad cada vez mayor de relajación.